El tiempo. Predicción
Recetas de la abuela
Guia de jardineria
Conociendo la red
Movimiento ecológico
lunes, 7 de marzo de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
el amigo virtual
Nuestros adolescentes están cambiando su forma de relacionarse. Antes eran muy sociables y pasaban el día en la calle. Ahora prefieren estar en casa. Y si es en su habitación sin compañía mucho mejor. Que para acompañarles ya tienen el ordenador o el móvil con conexión a Internet.
Tanto estas adiciones digitales como otras conductas anómalas que se producen en la adolescencia provienen en gran parte de esa soledad en la que viven los muchachos en sus hogares. Los padres están muy atareados, llegan muy tarde y no tienen ganas de pasar un rato con sus hijos para ver qué tal les ha ido el colegio. Solo quieren cenar y engancharse a la tele o al portátil. Porque muchos padres, con la excusa de que tienen que trabajar y no pueden desconectarse porque la empresa se hundiría, sufren una dependencia atroz; siempre conectados al portátil, el móvil o lo que sea, da igual. Los hijos, como tales, tienden a imitar muchas de las conductas de sus padres, y esta, desde luego, es una de las más imitadas.
La situación se agrava con los hijos únicos, que campan a sus anchas por la casa durante todo el día, sin un hermano mayor que les eche un ojo o sin un hermano pequeño al que cuidar.
La solución no es quitarles el dichoso aparatito, ni prohibir su uso. Tenemos que intentar educarles en la responsabilidad. Que sepan cuándo pueden y no pueden usar el ordenador. Que entiendan que primero son los deberes y luego el juego.
Otros sitios de ineteres
Han encontrado un nuevo amigo, virtual, que les permite ir a cualquier sitio en cualquier momento. Cuanto más utilizan el ordenador más quieren seguir usándolo. Es como la pescadilla que se muerde la cola, con una solución harto difícil. Al final nos encontramos con chavales que han cambiado sus conductas, que experimentan una tremenda adicción a la tecnología y a los cuales es imposible ayudar porque suelen estar solos en casa. Están totalmente enganchados y cada día aumenta más su dependencia.
Tanto estas adiciones digitales como otras conductas anómalas que se producen en la adolescencia provienen en gran parte de esa soledad en la que viven los muchachos en sus hogares. Los padres están muy atareados, llegan muy tarde y no tienen ganas de pasar un rato con sus hijos para ver qué tal les ha ido el colegio. Solo quieren cenar y engancharse a la tele o al portátil. Porque muchos padres, con la excusa de que tienen que trabajar y no pueden desconectarse porque la empresa se hundiría, sufren una dependencia atroz; siempre conectados al portátil, el móvil o lo que sea, da igual. Los hijos, como tales, tienden a imitar muchas de las conductas de sus padres, y esta, desde luego, es una de las más imitadas.
La situación se agrava con los hijos únicos, que campan a sus anchas por la casa durante todo el día, sin un hermano mayor que les eche un ojo o sin un hermano pequeño al que cuidar.
La solución no es quitarles el dichoso aparatito, ni prohibir su uso. Tenemos que intentar educarles en la responsabilidad. Que sepan cuándo pueden y no pueden usar el ordenador. Que entiendan que primero son los deberes y luego el juego.
Otros sitios de ineteres
Lo tienen todo, excepto a sus padres
Lo tienen todo, excepto a sus padres
Crecer sin ver apenas a los progenitores multiplica los problemas de la adolescencia - Menores de familias acomodadas ingresan en internados y centros tutelados por la poca dedicación a los hijos
JOAQUINA PRADES 14/02/2011 . El País
Lo tienen todo menos lo imprescindible. Casas confortables, padres con profesiones de éxito, toda la tecnología casera disponible en el mercado, ropa de marca, dinero para gastos, caprichos... Pero les falta algo. Los adolescentes urbanos procedentes de familias de clase media y media alta empiezan a llenar las consultas de psicólogos y pediatras sociales aquejados del mal de la soledad. Han crecido casi por su cuenta, a cargo de cuidadoras ajenas a la familia, y sus padres, ocupados a tiempo completo en mantener el estatus social, carecen del tiempo que ellos demandan. Las consecuencias suelen ser perversas: trastornos de conducta, agresividad, enfrentamientos constantes con los padres... Y también una tendencia al aislamiento preocupante. Tanto, que algunos adolescentes han empezado ya a ser catalogados en situación de riesgo y enviados temporalmente a pisos tutelados por la Administración.
Crecer sin ver apenas a los progenitores multiplica los problemas de la adolescencia - Menores de familias acomodadas ingresan en internados y centros tutelados por la poca dedicación a los hijos
JOAQUINA PRADES 14/02/2011 . El País
Lo tienen todo menos lo imprescindible. Casas confortables, padres con profesiones de éxito, toda la tecnología casera disponible en el mercado, ropa de marca, dinero para gastos, caprichos... Pero les falta algo. Los adolescentes urbanos procedentes de familias de clase media y media alta empiezan a llenar las consultas de psicólogos y pediatras sociales aquejados del mal de la soledad. Han crecido casi por su cuenta, a cargo de cuidadoras ajenas a la familia, y sus padres, ocupados a tiempo completo en mantener el estatus social, carecen del tiempo que ellos demandan. Las consecuencias suelen ser perversas: trastornos de conducta, agresividad, enfrentamientos constantes con los padres... Y también una tendencia al aislamiento preocupante. Tanto, que algunos adolescentes han empezado ya a ser catalogados en situación de riesgo y enviados temporalmente a pisos tutelados por la Administración.
lunes, 21 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
lunes, 31 de enero de 2011
lunes, 13 de diciembre de 2010
vuelo
VUELO
Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.
Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.
Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.
Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.
Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.
No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.
Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.
Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.

Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.
Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.
Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.
Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.
Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.
No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.
Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.
Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


